Master Gollum

Mitología Maslana (versión jugadores)

Publicado hace un año, 260 días

Este artículo es una versión censurada de la Mitología Maslana (versión extendida), donde sólo se muestra información que tu personaje conoce. Si no eres jugador, recomiendo leer la otra versión, ya que no hay nada aquí que no esté en la otra. Si eres jugador, no te recomiendo que leas el otro artículo ya que podrías destriparte algunos elementos de la campaña. Una vez concluida, si te apetece échale un vistazo, para que veas que partes he decidido ocultar. Este artículo no contiene ninguna nota a pie de página, así que muchas cosas, como tu personaje, es muy posible que no le veas relación con otros elementos de Glorantha, otras en cambio tal vez se las encuentres aunque no esté explícitamente indicado (así, por ejemplo, ¡la Gran Serpiente Emplumada, la Roca o Araña no son casuales!).

Periodo de la Creación

Dicen los más ancianos entre los sabios que la Gran Serpiente Emplumada se hallaba posada sobre una Roca. Al levantar la vista miró al frente y creó el Norte y por ello es el punto de referencia, miró a su derecha y a su izquierda y creó el Este y el Oeste, y por ello el Sol sigue esta dirección, miró a su espalda y creó el Sur, el menos importante de todos ellos, y al agitar sus alas, creó el Cielo. En cada dirección cayeron tres plumas y de ellas nacieron tres Gran Padres de las Bestias, de la estela dejada tras su vuelo descendió la Araña y ahí donde se posó, surgieron los Antiguos y llamaron a ese lugar Sharzu, el centro de todas las cosas.

Entre los Antiguos, el más grande era Masdoumari el Creador. Masdoumari dijo, "hermana, tengo sed", y Kunaya lloró de tristeza, y de sus lágrimas se formaron los pantanos, Masdoumari vio el agua estancada e hizo un surco en la tierra creando los ríos. Masdoumari dijo, "hermano, tengo hambre" y Jaad enterró la primera semilla. El agua de Kunaya había empapado la tierra así que, alegre brotó la dulce Asali. Masdoumari quedó complacido y decretó que tan exquisito fruto debía ser protegido. El Nariz Veloz siempre se metía por todos los rincones y ponía en dificultad a los Antiguos. El Embaucador quiso robar el fruto de Asali y por ello fue castigado.

Mito de Nariz Veloz y el Fruto de Asali

Con su larga prominencia, su magno hocico, olía Nariz Veloz el dulce aroma de Asali, el Fruto Secreto. Cien mariposas y otras tantas hadillas hundían sus diminutas lenguas bebiendo de tan deslumbrantes flores. Nariz Veloz dijo para sí: «divino néctar, oh deseo de dioses, que haces salivar esta boca que de todas las viandas, las mejores ha probado. De Jaad robé el más suculento inyara y de la diosa Shiri, su miel llevé a mis labios. Si tan dulces son las flores,... ¡cuán espléndidos han de ser sus frutos! ¡Volad criaturillas, dejad paso!» Cauto y temeroso Nariz Veloz se acerco a la planta, temía el pícaro dios la temible ira del Gran Masdoumari. Entre las flores, fruto alguno no había, tampoco bajo ellas, ni entre las hojas largas, ni tan solo hundido en las raíces. Hallábase confuso el dios «¿En qué lugar apartado de todas las miradas oculto está el deseado manjar?» Entonces vio un diminuto zarcillo, no más ancho que el pelo de una musaraña. Lo siguió por montañas y ríos, por cuevas y valles, hasta que al fin, en el más recóndito rincón de la jungla topó con el fruto de Asali. Del tamaño de un suspiro y el color del amanecer. Creíase maestro de la astucia, entre los bribones, el más grande. Miró a todos lados y nadie vio, la Luna esa noche dormía, el Sol todavía no iluminaba el firmamento. Asiéndolo con sus dedos, Nariz Veloz zampóselo de un solo bocado. Mares de sensaciones sin parangón inundaron sus sentidos. Nublose su vista, encapotose sus oídos, ni el frío o la humedad percibía. Inmóvil, en sabor se había convertido mientras el fruto se deshacía en su paladar. Masdoumari vio el zarcillo asomando por la comisura de la nariz del travieso dios y enseguida supo de su osadía. Levantando con una mano la ciclópea roca Mwamba, la arrojó por los aires con tamaña fuerza que barrió de la Bóveda Celeste la Montaña Celestial1. Mwamba entonces descendió de nuevo tanto como había subido y aplastó a Nariz Veloz bajo ella. El impacto sacó del sopor al pícaro quien viose aplastado por tan colosal peso.

Periodo de la Inocencia

Masdoumari vio a los Grandes Padres de las Bestias poblar el mundo y decidió que crearía a un nuevo tipo de ser, no en vano era llamado el Creador. Primero usó agua del pantano, pero se escurría entre sus dedos y surgieron unas pequeñas criaturas y grotescas criaturas, con tantas formas con gotas hay en el agua. Estos seres son Chirimwa (slorifingos) y todavía viven en los pantanos, los vio y no quedó complacido. Masdoumari impregnó una gran roca, de ella surgió un feroz gigante que empezó a devorarlo todo, lo miró y no quedó complacido. Estos son los Hofori, gigantes grises, de voraz apetito. Enfurecido aplastó la roca que se volvió tierra y la tierra se mezcló con el agua del pantano, creándose arcilla oscura. Masdoumari agarró la nueva materia y la moldeó con facilidad, sin embargo, sentía que todavía le faltaba algo. Necesitaba calor con el que secar la arcilla. Masdoumari imploró a la Araña, quien puso una puesta de huevos. De ellos, el primero nació resplandeciente, y tejió una tela alrededor del cielo, por la que ascendió iluminando el mundo y se le llamó Zuva. Los rayos solares alcanzaron las figurillas de arcilla que se secaron, cobraron vida así los Varume (significa los Hombres o el Pueblo, en idioma maslano).

El calor del nuevo astro reconfortó a los nuevos nacidos, quienes vivían en idílico y simple esplendor. Masdoumari acompañaba con regularidad a Varume, quienes no atesoraban cosas materiales y compartían las capturas de la pesca y los juegos. Eran uno con las Criaturas Naturales. Vivían una vida simple, en cabañas con las paredes abiertas, sin vestir ropas y sin sufrir nunca. Jaad les regaló las semillas de tef, Hove, la hija de Kunaya, a pescar en los pantanos de su madre, y Masdoumari a escuchar a los Ancianos. Todo era inocencia, calma y serenidad. El Gran Rey Kanawa prestó atención y gobernó a su pueblo con sabiduría.

La paz de los Varume se vio perturbada por la aparición de Jenaguru, la Luna Azul. El astro ascendió en el firmamento, atacando y engullendo a Kavu. Masdoumari convocó a los Antiguos: Shiri cogió la vasija Barura, Jaad, su azada, Kurwani trajo consigo su poder secreto y otros muchos otros cuyos nombres se han olvidado. Llamaron a Nariz Veloz, pero no lo encontraron y se fueron en busca de Kavu. Nadie recuerda que ocurrió. Muchos Antiguos desaparecieron para siempre y sus nombres se han olvidado.

Periodo de la Esclavitud

Sobre la superficie de Jenaguru, como un cáncer, crecieron los Pieles-Azules. Tantos eran que no cabían y descendieron a través del Mar de Fuego Azul a bordo de las increíbles embarcaciones voladoras de la Flota de la Nube Índigo. Con la desaparición de Masdoumari y los Antiguos, el Pueblo de Kanawa no percibió la malicia de los Pieles-Azules. Deberían haberlo sospechado, pues vinieron desde el sur, pero todavía no habían perdido su inocencia.

Los Pieles-Azules convencieron al Gran Rey Kanawa que hiciera levantar empalizadas, pero al poco les forzaron a construir edificios y la ciudad de Dakaputlo Elamle creció con resplandecientes altares, casas opulentas y hermosas torres que se alzaban sobre las copas de los árboles. Los Pieles-Azules trajeron consigo nuevos dioses, a Alfidisa, Tolar y las Tres Brujas del Cielo: Charmata, Enjata Mo y Veldara que no era otra que la propia Jenaguru. Los nuevos dioses exigieron que se les ofrecieran sacrificios en su nombre, algo que nunca antes habían hecho los Varume y sus sacerdotes tomaron el control del Consejo de Ancianos, corrompiendo sibilinamente al Rey Kanawa.

Guerras Torrenciales

Pero las desgracias apenas habían empezado. Un nuevo mal amenazó Sharzu. Más allá de los pantanos de Kunaya, emergió un nuevo y temible poder, Sevasbos el Destructor. Nariz Veloz lo vio llegar y no entendió o subestimó su naturaleza. Los Varume ya no le rendían culto, suplantado por los dioses impuestos por los Pieles-Azules, así que guió al Destructor hacia Sharzu con la esperanza que eliminara a los invasores.

Las aguas de los pantanos que rodeaban Sharzu se volvieron saladas, sus peces murieron y el nivel ascendió inundando las tierras. Ante su violencia creciente los sacerdotes de los Pieles-Azules, calmaron los miedos del Rey Kanawa asegurándole que su diosa Veldara salvaría a su pueblo de las aguas. Pero el poderoso Sevasbos irrumpió con violencia contra Sharzu amenazando con sumergirlo. Elamle convenció a su padre que le dejara encabezar una expedición en busca de tierra firme. Pero su hija no regresó y las turbulentas aguas derribaban árboles y torres de piedra por igual. Desesperado, el Rey Kanawa decidió desoír las advertencias de los sacerdotes de Veldara y envió a su hijo Miirdek en busca de la Migración de Elamle. Los sacerdotes temían quedarse sin el pueblo esclavizado, así que contaron al rey sobre la muerte de sus hijos, con las esperanza que detuviera las migraciones. El anciano rey no pudo hacer frente a la pérdida de sus dos hijos y su miedo y aversión se tornaron pena y soledad. Incapaz de hacer frente a la situación, se lanzó sobre las voraces aguas. Con la desaparición de su rey, los Varume se encontró indefenso ante Sevasbos. Desesperados, los Pieles-Azules imploraron a sus dioses celestes por su salvación, pero el Devorador deseaba castigarlos por su fracaso y sus plegarias fueron desatendidos. La poderosa inundación marina engulló Sharzu bajo sus aguas. Hove se apiadó de ellos y transformó a los Varume que quedaban en habitantes del mar y peces de vivos colores. En Elamle se piensa que el Reflejo de Sharzu en el firmamento prueba que la ciudad sobrevivió en el fondo del mar.

El destino de Elamle

Las olas del recién formado mar, zarandearon sin piedad las precarias canoas de Elamle y su grupo. Con valentía, se aferraron a sus remos y los hundieron en las revueltas aguas. La mitad sucumbió engullidos por Sevasbos y la mitad del resto se perdió para siempre y nunca más se supo de ellos. Elamle atisbó las copas de los árboles que habían resistido el embiste y dirigió hacia allí a los escasos supervivientes. La embarcaciones se rompieron contra la costa y allí quedaron atrapados. Muchas historias se relatan del periplo de Elamle y su grupo y como tuvieron que hacer frente a muchos y variados peligros, como las fauces siempre hambrientas de Nge, el Dios Cocodrilo, o la tribu de demonios de tres cuernos y un solo ojo. Cuando alcanzaron las tierras de los elfos, ningún precio exigido por los dueños de la jungla les pareció lo suficiente elevado y lo pagaron con gusto.

El destino de Miirdek

Cuando su hermano Miirdek salió a la mar, las aguas rugían con furia renovada. Cada embiste, arrastraba las canoas mar adentro, con tanta fuerza que Sharzu no era sino un recuerdo en la distancia. Fauces gigantes de agua, con dientes que eran olas, se lanzaban sobre las canoas de Miirdek. Sin duda, hubieran muerto todos ahogados cuando las embarcaciones quedaron reducidas a astillas y sus navegantes arrojados sin piedad al mar. Pero entonces la red mágica de Jomor los pescó. A la proa del Apaciguaolas, su esposo Dengenti tiró de ella y rescató a los náufragos. Con su ayuda, regresaron a Sharzu, con la intención de rescatar a su padre y aquellos que habían quedado atrás, pero ya era demasiado tarde. La tierra ancestral de los Varume había desaparecido para siempre.

Los seguidores de Miirdek viajon al oeste en busca de un lugar donde asentarse. Durante el trayecto vieron una colorida ave y Magunta la señaló y le dijo: «Es una señal de los Antiguos, sigámosla», pero Miirdek le respondió: «Los Antiguos nos han abandonado, los sendereven han acudido en nuestra ayuda y ahora son nuestros dioses». Magunta reunió a quienes le apoyaban y juntos rescataron del mar los restos de sus canoas, con ellas hicieron nuevas embarcaciones y abandonaron la Apaciguaolas para seguir el ave. Hay quienes dicen que era Nariz Veloz intentando dividir a los Varume todavía más, hay quien asegura que pretendía ahogarlos alejándolos de la costa, pero sus iniciados ven en ello más benévolas intenciones. En cualquier caso, gracias al ave, los seguidores de Magunta encontraron las Islas Edrenlinas y por eso viven en ellas.

En cambio, Miirdek y sus seguidores siguieron viajando al oeste y llegaron hasta Onlaks, donde se establecieron. Durante años Miirdek gobernó como el rey de esa nueva tierra. Su gente retornó a las costumbres antiguas y construyó simples chozas de madera y hojas de ensete.